Jorge Diniello, la capacitación, la unidad y el futuro de una actividad que busca reencontrarse consigo misma

“No estamos en momentos de elegir, estamos en momentos de hacernos responsables”
Por Edgardo Maffú

Director Editorial de Contacto Funerario

Es lunes, es feriado.

La conversación comienza con una escena tan sencilla como reveladora. Del otro lado de la pantalla, Jorge Diniello acomoda el teléfono sobre su notebook. La computadora está ahí, frente a él, pero no para utilizarla. La jornada viene demasiado cargada como para detenerse en formalidades. El teléfono termina apoyado sobre ella y la charla comienza de inmediato.

No hay saco. No hay camisa. No hay corbata. No hay una puesta en escena preparada para una entrevista institucional.

Hay una remera deportiva, una ventana abierta hacia el parque de su casa, el sonido de los pájaros de fondo y un café que acompaña la conversación.

Del otro lado de la pantalla tampoco hay solemnidad. La charla fluye como tantas otras que hemos compartido durante los últimos meses. Pero esta vez hay una diferencia; el curso de capacitación en Rosario acaba de terminar y algo parece haber cambiado.

Durante más de una hora, el presidente de FADEDSFYA habla de capacitación, de profesionalización, de informalidad, de tecnología, de unidad y de futuro. Habla como presidente, como empresario funerario, como colega y, por momentos, con la sinceridad de quien deja a un lado el cargo para reflexionar sobre aquello que verdaderamente le preocupa.

Hay frases que aparecen una y otra vez a lo largo de la conversación. Conceptos que regresan con distintas palabras, pero con un mismo sentido.

La necesidad de trabajar juntos.

La importancia de recuperar la esencia de la actividad.

La obligación de profesionalizarse.

Y la responsabilidad colectiva de construir un futuro mejor para el sector funerario argentino.

En un momento de la charla, casi como si se tratara de una reflexión lanzada al pasar, aparece una frase que resume todo lo que vendrá después.

«No estamos en momentos de elegir. Estamos en momentos de hacernos responsables.»

La frase queda flotando algunos segundos. Y de inmediato, apenas pude, le dije; ya me diste el título de este reportaje. E inevitablemente termina convirtiéndose en él.

Rosario: mucho más que una capacitación

Para entender lo que significó Rosario hay que retroceder varios meses.

La historia no comienza el 1 y 2 de junio, cuando más de un centenar de empresarios y profesionales funerarios se reunieron para participar del curso El Profesional del Futuro. Comienza mucho antes, en reuniones virtuales, intercambios de ideas y conversaciones donde empezó a gestarse una preocupación compartida, el cómo preparar al sector para los desafíos que ya están golpeando a la puerta.

Diniello recuerda ese proceso con claridad.

«Como miembro del Comité de Presidencia, sabés muy bien que veníamos trabajando desde fines del año pasado con el señor Loinaz en búsqueda de llevar adelante mecanismos donde los colegas y las empresas pudieran acceder a diferentes herramientas. Más específicamente cursos.»

Las primeras conversaciones giraron en torno a una propuesta ambiciosa. Un programa de formación profunda, casi con estructura académica universitaria. Sin embargo, el paso de los meses fue mostrando una realidad distinta.

«Entendimos que por ahí el objetivo era muy interesante, pero muy difícil de abordar porque teníamos muchos escalones en el medio que teníamos que sortear.»

La idea fue evolucionando.

Las asociaciones de Córdoba y Santa Fe asumieron la organización y comenzaron a dar forma a un proyecto que rápidamente encontró acompañamiento institucional. Desde FADEDSFYA, explica Diniello, la decisión fue acompañar, respaldar y contribuir a que la iniciativa pudiera concretarse.

«Nosotros manteníamos la decisión de apoyar en todo momento. Cuando finalmente llegó la hora de viajar a Rosario, el objetivo era sencillo. Estar presentes, escuchar, aprender y acompañar.”

«Fue una decisión de nosotros que los que pudiéramos ir, íbamos a ir a acompañar a nuestros colegas y asociados. Hasta por una cuestión de camaradería.»

Y precisamente la camaradería terminaría convirtiéndose en uno de los aspectos más recordados del encuentro.

Cuando la capacitación se transforma en encuentro

Al hablar de Rosario, Diniello cambia el tono. Hay una sensación evidente de satisfacción. No tanto por los números de asistencia, que superaron las expectativas iniciales, sino por algo más difícil de medir. El clima; el reencuentro y la posibilidad de volver a compartir espacios comunes.

«Si hay algo que fue muy agradable, hasta por momentos emocionante de volverlo a vivir, fue lo que sería un encuentro de camaradería.»

La frase aparece cargada de significado.

Jorge pertenece a una generación que creció acompañando congresos, reuniones y encuentros institucionales desde muy joven. Habla de empresarios que conoció junto a su padre, de colegas con los que compartió décadas de actividad y de personas que hoy siguen formando parte de su vida más allá de cualquier pertenencia institucional.

«Hay mucha gente que conozco, aprecio y quiero. Más allá de que pertenezca a FADAF, FADEDSFYA o a la asociación que sea.»

Y allí aparece una de las ideas más profundas de toda la conversación.

Las instituciones son fundamentales; pero las personas están primero.

«Las personas son importantes por sí mismas. Eso es lo que tenemos que rescatar.»

Rosario pareció poner eso en evidencia. Durante dos días las diferencias quedaron en segundo plano. Las preocupaciones comunes ocuparon el centro de la escena. Y el resultado fue una sensación que Diniello resume de una manera sencilla.

«Vi una realidad homogénea. Hay un hilo conductor que nos une a todos.»

Diniello vuelve varias veces sobre una idea que para él fue una de las mayores enseñanzas que dejó Rosario. Más allá de las exposiciones, de los contenidos académicos o de las herramientas presentadas, el verdadero valor estuvo en el encuentro entre colegas.

«Había colegas que hacía mucho tiempo que no se veían. Había dirigentes de distintas provincias, empresarios con distintas realidades y todos compartiendo las mismas preocupaciones. Eso para mí fue muy importante.»

La reflexión no surge desde la nostalgia. Surge desde la convicción de que los desafíos actuales exigen espacios donde las diferencias puedan convivir con los objetivos comunes.

«Nos dimos cuenta de que hay muchas más cosas que nos unen que las que nos separan. Y cuando uno se sienta a conversar, a escuchar y a compartir experiencias, descubre que los problemas son bastante parecidos en cualquier punto del país.»

Por eso insiste en que Rosario no debe ser entendido únicamente como una capacitación.

«Rosario fue una capacitación, sí. Pero también fue una oportunidad para volver a encontrarnos. Y eso tiene un valor enorme para cualquier actividad y para cualquier institución.»

La capacitación como respuesta

Si hay un tema que atraviesa toda la entrevista es la preocupación por el futuro.

No una preocupación pesimista. Todo lo contrario. Una preocupación activa. Una preocupación que busca soluciones y por eso insiste una y otra vez en la capacitación. No como un eslogan. No como una actividad complementaria. Sino como una herramienta de transformación.

«Pero sólo desde la capacitación y cambios tecnológicos no se genera o produce la profundidad de lo que requiere nuestro sector, sino en la solidez de apoyarnos sostenidamente en profesionales que brinden contención, empatía, ante unos de los momentos más vulnerables que puede vivir el ser humano”.

La reflexión aparece acompañada de una advertencia.

En los últimos años, sostiene, algunos de los pilares históricos de la actividad comenzaron a debilitarse. Y la solución no pasa por imponer cambios. Pasa por convencer.

«No se trata de imponer, sino de lograr el convencimiento a través de la capacitación.»

Ese convencimiento tiene un objetivo muy claro. Recuperar la humanización. Profundizar la contención y fortalecer el acompañamiento.

Porque para Jorge el futuro de la actividad funeraria no puede construirse únicamente sobre la tecnología.

«Podemos hacer un montón de incorporaciones tecnológicas, podemos sumar un montón de novedades, pero si no profesionalizamos el sector, si no trabajamos en la contención, si no profundizamos el acompañamiento, esto tiende cada vez más a funcionar peor.»

Y agrega una reflexión que resume buena parte de los debates actuales.

«Si nosotros deshumanizamos el servicio en pos de la tecnología, estaríamos presenciando uno de los peores errores que podemos permitir que ocurran en la actividad.»

Cuando habla de capacitación, Jorge no lo hace desde una lógica académica tradicional. Habla desde la experiencia de quien observa una actividad que cambió profundamente durante los últimos años y que necesita nuevas herramientas para enfrentar los desafíos que vienen.

«Tenemos que entender que el mundo cambió. Cambiaron las familias, cambiaron las formas de comunicarnos, cambiaron las tecnologías y cambiaron muchas de las expectativas que tienen las personas cuando llegan a una empresa funeraria.»

Sin embargo, advierte que adaptarse no significa renunciar a la esencia de la profesión.

«Hay cosas que jamás pueden perderse. La empatía, la contención, el acompañamiento y el respeto siguen siendo el corazón de nuestra actividad.»

Por eso sostiene que la profesionalización debe ser entendida como un proceso permanente.

«No podemos conformarnos con lo que aprendimos hace veinte o treinta años. Tenemos que seguir incorporando conocimientos, herramientas y experiencias que nos permitan brindar mejores respuestas.»

Y agrega:

«La capacitación no es un gasto. Es una inversión. Es invertir en nosotros mismos, en nuestras empresas y en el futuro de la actividad.»

Los verdaderos desafíos

Cuando la conversación gira hacia la situación del sector, el tono vuelve a cambiar.

Aparece la preocupación. Pero también la claridad. Diniello evita hablar de enemigos tradicionales. Evita hablar de rivalidades históricas y de competencias entre colegas porque, según su mirada, los problemas más importantes están en otro lado.

«Tenemos muchos más motivos por los cuales estar unidos que por los cuales estar separados.»

La frase no surge de manera casual. Es la conclusión de años observando cómo evolucionó la actividad.

«Tenemos muchos más motivos por el cual ocuparnos y trabajar que por el cual ignorarnos.»

Y entonces llega uno de los conceptos más contundentes de toda la entrevista.

«O nos salvamos juntos o no se salva nadie.»

No habla de balances ni de rentabilidades. No habla de negocios. Sino que habla de la profesión.

«Cuando me refiero a salvar es cómo evoluciona nuestra profesión que es considerada una de las más antiguas de la humanidad.»

La preocupación principal aparece cuando menciona la informalidad. Un fenómeno que considera uno de los mayores desafíos para el sector. No solamente por la competencia desleal que genera, sino también por el daño que provoca a las familias, a los trabajadores y a la propia imagen de la actividad.

«El verdadero enemigo es el informal dentro del sector.»

Y esa definición no deja lugar a interpretaciones. Porque detrás de la informalidad aparecen prácticas alejadas de la ética profesional, incumplimientos laborales, evasión fiscal y situaciones que perjudican tanto al Estado como a quienes trabajan correctamente.

Por eso insiste en que la solución no puede ser individual. Tiene que ser colectiva.

Aquí aparece probablemente el Jorge Diniello más reflexivo de toda la conversación. Porque cuando habla de unidad no lo hace desde una mirada institucional ni desde una cuestión de pertenencias federativas. Habla desde la necesidad de defender una actividad que considera esencial para la sociedad.

Para él, la discusión no pasa por las diferencias que puedan existir entre dirigentes, asociaciones o federaciones. Pasa por reconocer cuáles son los verdaderos problemas que enfrenta la actividad.

«Tenemos que dejar de mirar para los costados y empezar a mirar para adelante.»

Cuando habla del futuro, vuelve a utilizar una frase que se transformó en una de las definiciones más contundentes de toda la conversación.

«O nos salvamos juntos o no se salva nadie.»

Luego aclara el sentido profundo de esa afirmación.

«Cuando hablo de salvarnos no estoy hablando de una empresa o de una federación. Estoy hablando de una profesión. Estoy hablando de una actividad que tiene un enorme valor social y que necesita evolucionar para seguir siendo útil a las familias.»

Dos años y medio construyendo bases

Hay un momento especialmente interesante cuando la conversación se detiene en la gestión. No para hacer balances ni para enumerar logros. Sino para explicar algo que pocas veces se ve: El trabajo invisible.

«Fueron dos años donde nos preocupamos en fortalecer y rearmar los cimientos de la institución.»

La metáfora que utiliza es brillante.

«Es como las cloacas de una ciudad. No se ven, pero hay que hacerlas.»

Habla de cuestiones jurídicas, contables, administrativas e institucionales.

Procesos que rara vez aparecen en una fotografía o en una publicación, pero que resultan imprescindibles para cualquier construcción futura.

«No se puede estar pensando en crecer o evolucionar si no tenemos bases sólidas.»

Recién después de ese trabajo comenzaron a aparecer proyectos visibles, como la capacitación, la presencia institucional, el fortalecimiento de la Federación y herramientas como FUNERAR, sobre la que se muestra particularmente optimista.

«Creo que va a ser muy importante para el pequeño, mediano y gran empresario funerario.»

Sin embargo, incluso cuando habla de proyectos concretos, vuelve a aparecer la misma idea.

Las instituciones no son un fin en sí mismas. Son una herramienta.

«Las instituciones tienen que servir para unirnos.»

La responsabilidad de mirar hacia adelante

La charla se acerca al final. Las respuestas se vuelven más reflexivas. Más personales y profundas. Y entonces vuelve a aparecer aquella frase que dio origen a este reportaje.

«Es fundamental que apoyemos y entendamos que no estamos en momentos de elegir. Estamos en momentos de hacernos responsables de lo que está pasando.»

La frase aparece cargada de significado. Porque no apunta a una persona en particular ni a una institución determinada. Es una convocatoria mucho más amplia. No hay reproches. No hay búsqueda de culpables. No hay cuentas pendientes. Solo hay una invitación:

«Es fundamental que no nos quedemos en las pequeñeces en las cuales no coincidimos, sino que busquemos los puntos de coincidencia.»

La idea atraviesa a colegas, a empresas, a las asociaciones y cámaras, a las federaciones, a las provincias e inclusive a las personas.

«Tenemos que entender que el futuro de la actividad no depende de una sola persona, ni de una sola empresa, ni de una sola federación. Que nuestro motor sea lo que nos une, no aquello en lo que no coincidimos.»

Y quizás allí esté la verdadera síntesis de toda la conversación.

Porque después de hablar de capacitación, tecnología, informalidad, profesionalización, institucionalidad y futuro, todo termina reduciéndose a una cuestión mucho más simple: La capacidad de construir juntos.

El valor de los afectos

La entrevista termina de una manera inesperada. Lejos de los números, de las estadísticas y lejos de los proyectos. Termina hablando de personas, de afectos y de emociones. Del sostén cotidiano que permite llevar adelante responsabilidades que muchas veces resultan invisibles para quienes observan desde afuera.

«Hemos conformado un equipo de trabajo altamente interesante.»

Pero no se detiene allí, va un paso más allá.

«Es fundamental la contención emocional de las personas que queremos.»

Se refiere a los hijos, a las familias, a los seres queridos. Habla de quienes acompañan en silencio, de quienes entienden las ausencias, de quienes sostienen cuando el camino se vuelve complejo. Y entonces llega la reflexión final.

La más humana y sincera. La que probablemente explique todo lo anterior.

«Si no tuviésemos todo este trabajo en equipo por un lado y toda esa contención emocional de las personas que queremos, todo esto no tendría sentido.»

La pantalla sigue encendida algunos segundos más.

La notebook continúa sosteniendo el teléfono. La tarde avanza. El feriado pronto termina. Y mientras la conversación llega a su fin queda una sensación difícil de explicar. 

La de haber escuchado a un presidente. A un empresario. A un colega. Y también a una persona convencida de que el futuro del sector funerario argentino no dependerá de una decisión individual.

Dependerá de la capacidad colectiva de asumir una responsabilidad común. Porque, como dijo en algún momento de la charla, no estamos en tiempos de elegir. Estamos en tiempos de hacernos responsables.

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