Rosario fue el escenario de una de las primeras grandes discusiones que el sector funerario argentino necesita darse con urgencia: cómo adaptarse a una sociedad que cambia sus hábitos, modifica su relación con la muerte y exige nuevas formas de acompañamiento.
Durante la jornada inaugural del curso El Profesional del Futuro, impulsado por las asociaciones de Santa Fe (AESFSF) y Córdoba (AESFAC) con el aval de FADEDSFYA y FADAF, los especialistas Darío Loinaz y Felipe Badotti expusieron visiones complementarias que coincidieron en un mismo diagnóstico: el desafío actual de las empresas funerarias no es tecnológico ni comercial, sino profundamente humano.
Loinaz abrió su presentación planteando una realidad que diferencia al negocio funerario de cualquier otra actividad económica. «La muerte es una necesidad latente», explicó. A diferencia de otros servicios, no existe la posibilidad de probar un crematorio, un sepelio o una ceremonia antes de contratarlos. Las familias llegan a la empresa funeraria en uno de los momentos más complejos de sus vidas y esperan encontrar profesionales preparados para comprender una situación excepcional.
Esa preparación, según sostuvo, constituye el primer paso hacia una atención verdaderamente humanizada. «La primera regla de la atención humanizada es el preparo. Porque cómo yo me preparo significa que te valorizo. Y el preparo comienza por el respeto», afirmó.
A lo largo de su exposición, Loinaz insistió en que las funerarias deben dejar de verse únicamente como prestadoras de infraestructura. Para él, vender un ataúd, una sala velatoria y vehículos representa apenas una parte de la experiencia que necesita una familia. «Si una empresa vende el ataúd, la sala y los vehículos, eso representa solo el 25% del servicio», señaló.
Su planteo giró alrededor de una idea central, que las personas no buscan únicamente resolver cuestiones operativas. Necesitan acompañamiento emocional, contención espiritual, orientación mental y espacios físicos adecuados. En ese sentido, describió cuatro dimensiones que intervienen en toda experiencia de duelo: el mundo físico, el mental, el emocional y el espiritual.
La tecnología también tuvo lugar dentro de esta visión humanizada. Loinaz mostró ejemplos de inteligencia artificial aplicada a la generación de textos conmemorativos para ceremonias, capaces de producir homenajes personalizados a partir de apenas algunas palabras aportadas por la familia. Asimismo, presentó memoriales realizados mediante diamantes creados con cabello humano, como ejemplo de nuevas alternativas destinadas a preservar el recuerdo y fortalecer el significado de la despedida.
Dentro de esa misma lógica presentó el concepto de Premium Memoris, una serie de acciones destinadas a dignificar las ceremonias y permitir que los asistentes puedan llevar consigo un recuerdo tangible del homenaje realizado.
Uno de los momentos más reflexivos de su exposición surgió al referirse al papel del velatorio. Para Loinaz, el velorio continúa siendo una instancia insustituible. Lo definió incluso como una «comprobación socio-jurídica» del fallecimiento, un espacio donde la comunidad toma conciencia de la pérdida y comienza a procesarla.
Desde esa perspectiva, cuestionó la reducción progresiva de los tiempos de velación. «Nada es importante si no consume tiempo», expresó. Y agregó una reflexión provocadora para el sector: «Lo que más tiempo consume es la vida». Si el velatorio constituye el principal espacio destinado a elaborar la pérdida, reducirlo sistemáticamente implica también reducir el tiempo disponible para comprender y aceptar la muerte.
Su exposición concluyó con una invitación a desplazar el precio del centro de la conversación para enfocarse en el valor. La muerte, recordó, es una necesidad latente que de golpe se convierte en real y que nadie desea enfrentar. Precisamente por eso las empresas funerarias deben comprender lo que atraviesan las familias incluso antes de que comience el velatorio.
La mirada de Felipe Badotti avanzó sobre esa misma problemática desde una perspectiva más estratégica y empresarial.
El especialista brasileño manifestó su preocupación por la situación del mercado funerario argentino y por la actitud que, a su juicio, está adoptando parte del sector frente a los cambios culturales.
«El funerario está aceptando la pérdida de la cultura funeraria y no está luchando contra eso», afirmó.
Para Badotti, mientras en Estados Unidos existe una defensa permanente del valor de los rituales funerarios y una constante inversión para fortalecerlos, en gran parte de América Latina y Europa se observa una resignación frente a la pérdida progresiva de las ceremonias tradicionales.
Uno de los conceptos más impactantes de su presentación estuvo relacionado con el estado emocional de las familias durante las primeras horas posteriores al fallecimiento. Según explicó, una persona en duelo puede perder hasta un 80% de su capacidad cognitiva debido al impacto emocional del acontecimiento.
Ese fenómeno genera una consecuencia directa. La familia debe interactuar simultáneamente con funerarias, cementerios, crematorios, florerías y múltiples proveedores cuando menos preparada está para hacerlo. El resultado es una experiencia fragmentada y muchas veces despersonalizada.
Para Badotti, el desafío consiste en crear vínculos genuinos y transformar esos contactos fríos en relaciones de confianza.
Su análisis sobre el crecimiento de la cremación generó uno de los debates más intensos de la jornada. Contrariamente a lo que suele afirmarse, sostuvo que el aumento de la cremación no constituye un fenómeno inevitable ni una tendencia autónoma.
«La cremación crece porque las familias no quieren los cementerios y porque nosotros no estamos haciendo bien nuestro trabajo», señaló.
En su opinión, el verdadero riesgo para el sector no es la cremación en sí misma, sino la expansión de la cremación directa sin ceremonias ni espacios de homenaje.
Tomando como ejemplo el mercado estadounidense, recordó cómo aparecieron operadores que ofrecían cremaciones directas a valores extremadamente bajos, basando toda su propuesta en el precio. Aunque muchas grandes compañías terminaron adquiriendo esos negocios, el fenómeno dejó una enseñanza clara; que cuando el servicio pierde valor simbólico y emocional, la competencia se reduce exclusivamente al costo.
Por eso fue categórico al afirmar que «la cremación directa es la muerte de nuestro sector».
Badotti advirtió que las familias actuales buscan resolver rápidamente los problemas derivados de un fallecimiento. Sin embargo, consideró que la industria funeraria debe evitar convertirse en una simple gestora de trámites.
«Antes se preguntaba dónde iba a ser el descanso eterno. Hoy se pregunta cómo terminar rápido con el problema», reflexionó.
Para el especialista, esa transformación cultural está modificando profundamente la actividad y obliga a las empresas a recuperar el sentido del homenaje y la despedida.
La respuesta, según su visión, pasa por desarrollar experiencias integrales capaces de acompañar a las familias durante todo el proceso. Por ello destacó el crecimiento de los modelos all in one observados en Estados Unidos, donde una misma organización integra velatorios, cementerios, crematorios, florerías y otros servicios complementarios.
Estos centros funerarios integrados permiten reducir la fragmentación, simplificar la experiencia del cliente y fortalecer el vínculo con las familias. En consecuencia, consideró que las empresas capaces de ofrecer soluciones completas tendrán una posición cada vez más sólida en el mercado.
«La operación integrada va a ganar el mercado», concluyó.
Las presentaciones de Loinaz y Badotti dejaron un mensaje común para los más de 120 participantes presentes en Rosario. El futuro de la actividad funeraria no dependerá únicamente de nuevas tecnologías, instalaciones o productos. Dependerá, sobre todo, de la capacidad de las empresas para recuperar el valor del acompañamiento, fortalecer los rituales y comprender que detrás de cada servicio existe una familia intentando dar sentido a una pérdida.
En definitiva, profesionalizarse ya no significa solamente gestionar mejor una empresa funeraria. Significa aprender a acompañar mejor a las personas.











